Estas equivocado
si crees que me temes. Si supieras todo sobre mi, no tendrías miedo cada vez
que alguien me menciona. Si supieras todo sobre mi, no pensarías que soy lo
peor que te puede pasar. La verdad es que nadie sabe absolutamente nada sobre
quien soy, que soy o porque soy lo que soy. Todos me temen, porque llego cuando
menos lo esperas apropiándome de la esencia de tu ser, todos consideran que soy
lo peor que le puede pasar a cualquiera en el mundo porque te quito lo más
importante; la vida.
¿Pero que saben ustedes de la
vida, si jamás han vivido absolutamente nada?
Antes de
ser quien, qué y lo que soy, tuve una vida, una vida muy buena, tenía un
nombre, una familia, una esperanza y un amor. Tenía todo lo necesario y era
feliz. Pero no todos pensaban como yo, como lo mencione antes tenía un amor,
una bella mujer que me amaba con todo su ser y me brindaba paz por el simple
hecho de saber que estaba a mi lado, era bella realmente bella, con una sonrisa
capaz de iluminar hasta el más obscuro de los lugares. Con unos ojos de mirada
profunda, capaz de mostrar todo o nada según se sintiera, para mí era la
perfección hecha mujer.
Una noche negra por la
ausencia de luna y estrellas, recuerdo a
la perfección que mi amada tomaba de mi mano, mientras caminábamos a casa después
de una rica cena, cuando ellos aparecieron, cuatro jóvenes de negro que sin
saber porque me golpearon dejándome sin posibilidad de hacer nada, a mi amada
la golpearon y me obligaron a ver cómo le quitaban la vida, tal vez por error,
tal vez por miedo o simplemente por malicia hacia mí, no lo sé. Esa noche no
solamente perdí a quien más amaba, también perdí la razón de mi existir. La tome
en mis brazos y le pedí que se quedara a mi lado, mientras la besaba con
fuerza, no pudo mantenerse despierta y lo último que escuche de sus labios fue un
– te amaré hasta la eternidad y aún en la otra vida, te seguiré amando- sus
ojos se cerraron para jamás abrirse de nuevo, de mi garganta brotaban gemidos
de llanto causadas por las lágrimas que de mis ojos brotaban. En un instante
todo se detuvo para que él tocara mi hombro, se sentó a mi lado viéndome a los
ojos diciendo –debería ser ella quien estuviera abrasándote y llorando por ti- en
ese momento volteé la mirada hacia sus ojos, esos ojos negros, tan vacíos como
la nada, y grite -¿Por qué?- el silencio
se apodero del momento y antes de marcharse le dije –mi vida por ella- le
ofrecía mi vida por la vida de ella, al final de cuentas era a mí a quien
quería en un principio, que más podía perder si ya no la tenía a ella, era
mejor ser yo quien ya no viviera, así por lo menos vería su hermosa sonrisa
iluminar la obscuridad aunque ya no estuviese físicamente ahí para verla.
-¿Estás seguro de lo que
quieres hacer?- preguntó como si en verdad le interesara. –Si- respondí, estiró
su mano para que la tomara y en cuanto lo hice un frio recorrió mi cuerpo para después
no sentir absolutamente nada. En un parpadeo la historia cambio, era yo quien
la había abandonado, sin embargo preferí mil veces ser yo quien ya no viviera a
ella. Abrí y cerré los ojos nuevamente y la vi de nuevo con los ojos inundados
de lágrimas, junto a mi familia dándome el último adiós.
El mismo que le había perdonado
la vida a mi amada, me la había arrebatado a mí, pero todo en esta vida tiene
un porque y fue aquí cuando yo lo entendí. Me quería a mí para tomar su lugar,
me quería a mí para para hacer su trabajo, me quería a mí porque ante sus ojos
no había ser más feliz y pleno que yo, capaz de saber perfectamente cuál sería
el momento ideal para el final de cada persona. Toco mis hombros y al siguiente
segundo estaba cubierto por un manto blanco, con un bastón de mi mano derecha y
un búho sobre mi hombro izquierdo. Esa fue la última vez que lo vi, la última
vez que vi a quien me había llevado a este punto.







